*DARA
Me sentí como una total idiota cuando él me mostró la placa con mi nombre, aunque eso no explicaba el conocimiento en su mirada o la manera en que sus ojos acariciaban mi piel como la suave brisa. Lo más seguro es que fueran cosas mías pero todo en el me hacía sentir en casa, me parecía tan familiar el sonido de su voz como si fuera la una canción de cuna que una madre le canta a su pequeño en sus primeros días de vida, mas al mismo tiempo me ponía cada uno de mis sentidos en alerta máxima.
Preparé su café y guardé el brownie en la bolsa de papel con el dibujo de una taza de café con granos de este tirados a su alrededor, me tome mi tiempo haciendo todo lentamente y respirando hondo para eliminar el sonrojo en mis ya rosadas mejillas.
Hecho esto no podía tardarme mas así que respire una vez más y me gire para cruzarme con su mirada, LA MIRADA, me quede atrapada en sus ojos y todo desapareció, de pronto estaba en medio de un sombrío bosque observando a una pequeña niña de cabello castaño que llevaba un vestido negro sentada en el piso con las piernas pegadas a su pecho rodeadas por sus brazos, su rostro estaba escondido en el hueco de estos y su cabello ondeaba a su alrededor. El hombre frente a ella tenía una espalda ancha y cabello negro, tatuajes adornaban su cuello perdiéndose bajo la chaqueta negra, el acariciaba el cabello de la niña con ternura mientras susurraba con suavidad en su oído. No era capaz de ver el rostro del hombre o reconocerlo ya que este estaba de espalda a mí pero a la pequeña podía verla bien y cuando alzo su rostro unos ojos grises y rojos por llorar se encontraron conmigo, me encontré con MIS OJOS.
Cerré los ojos con firmeza para cuando los abrí, se encontraba el olor a café y el bullicio de Caffè Scuro.
- Y, ¿Quién era ese?- preguntó alguien a mi lado, era Kat cuando había regresado y porque le fruncía el ceño a la puerta.
- ¿Quién? - respondí confundida.
- ¡El tipo que acaba de salir de aquí! - exclamó irritada - el de cabello negro y ojos celestes que estaba parado frente a ti hace un minuto - explicó.
- Me creerás si te digo que no tengo la más mínima idea - respondí totalmente confundida.
Kat es una de esas chicas que se deja ir sobre todo lo que sea digno de admirar sin importar nada, entonces ¿porque a este chico que era todo perfección le fruncía el ceño? ¿Se conocían? Kat continuo mirando hacia la puerta con el ceño fruncido por lo menos dos horas después de la aparición del chico y se comportaba raro, cada vez que la campana sonaba ella se detenía abruptamente de lo que estuviera haciendo para fulminar la puerta con su mirada mostrando una postura tensa y en alerta.
- Ya detente - gruñí la cuarta vez que Kat dejo caer una taza al suelo. -qué demonios sucede - exigí saber.
- Aquí no sucede nada, LINDURA - mintió pellizcando mis mejillas antes de desaparecer en la cocina.
Sabía que algo sucedió pero decidí ignorarlo, ya tenía suficiente con el hecho de haber caído de nuevo ante la influencia de mi antiguo yo como para preocuparme de un ex, o lo que sea que el chico de ojos celeste sea de Kat. Estaba limpiando la barra cuando la campana sonó de nuevo. Alcé mi vista rápidamente para ver a Fremont entrar y de pronto me sentí tranquila y contenta, el chico de ojos celestes había quedado olvidado.
Fremont sonrió en cuanto entró, él es de esas personas que al entrar a un lugar iluminan el lugar, todo parece más alegre y lleno de vida; y Dios, está buenísimo. Se dirigió a la barra con su paso confiado mirándose demasiado bien para ser real. Su cabello castaño estaba desordenado a causa de pasarse los dedos por él, llevaba una camisa negra sencilla que se ajustaba a su cuerpo combinada con unos jeans desgastados y botas de motociclista. Mire el reloj en forma de tasa colocado sobre la puerta de la cocina, 5:30 PM, como todos los días anteriores Fremont llegaba a la misma hora luciendo sumamente perfecto. Fremont Héller es el chico más guapo y dulce que conozco, siempre es alegre y tranquilo, es el líder de una banda en la cual toca la guitarra y canta, trabaja con su tío en el local de instrumentos pero hasta donde yo sé no le falta dinero, viene a Caffè Scuro todos los días en su hora de descanso, suele conversar conmigo siempre y cuando Kat no aparezca, aparentemente ellos dos se detestan.
- Hey Brunella - dijo usando el apodo que Azure tenía para mí. Azure me llamaba Brunella por mi cabello ya que esto significa morena en italiano pero Fremont me llamaba así por qué sabía perfectamente bien lo poco que me gustaba que ÉL llamara así.
- Hola - respondí con una sonrisa - ¿Lo de siempre? - comenté mientras llenaba un vaso con capuchino de vainilla.
- Lo de siempre. - afirmo el mirándome. - Dime, ¿Cómo estuvo tu día? - preguntó para sacar conversación.
- Un poco vergonzoso - admití recordando el accidente de la placa.
- ¿Qué? ¿Azure nuevamente te hizo cantar feliz cumpleaños con esas horribles orejas de elefante?- bromeó asiéndome recordar aquel día.
Azure es una mujer muy loca y tiene la costumbre de encontrar cosas vergonzosas para divertir a sus clientes estrella, el mes pasado Cotton mi amigo y adicto al café, decidió festejar su cumpleaños aquí lo que le dio la gran idea de cantarle feliz cumpleaños vestida de dumbo ya que según ella son muy parecidos y como su mejor amiga ella decidió que yo era la indicada para hacerlo, por desgracia el pastel de Cotton estuvo listo cinco minutos antes de lo esperado y justo cuando yo iba saliendo con las enormes orejas grises y una trompa falsa Fremont entro. Quería que la tierra me tragara, en lo único que podía pensar en ese momento era que él se burlaría, de mi pero él me sorprendió totalmente, tomando la trompa se la puso y canto conmigo.
- Dios, ni lo menciones - me reí con el recuerdo de él intentando beber su cappuccino con la trompa.
- Debo admitir que las orejas te quedaban - dijo antes de darle un sorbo a su cappuccino sin apartar su mirada de mí. Un escalofrío que no tenía nada que ver con el clima recorrió mi espina dorsal.
- Entonces, ¿Por qué fue vergonzoso tu día si no fue a causa de una de las ideas de Azure? - preguntó al no recibir una respuesta de mi parte.
- Un chico vino, me saludó por mi nombre y yo entre en pánico - respondí sin mirarlo pensando en lo distraída que había sido.
- Traías la placa, ¿cierto? - adivinó él con una sonrisa arrogante en su maldito rostro. Si seguía sonriendo de esa manera mis piernas terminarían convirtiendose en gelatina.
- Traía la placa - confirmé de mala gana, un mechón de cabello caía por mi frente así que sople para apartarlo pero inmediatamente regreso a su lugar aunque no por mucho tiempo ya que Fremont alargo su brazo para colocarlo en su lugar acariciando en su camino mi rostro con su pulgar, una vez estando este en su lugar el retiro su mano con una sonrisa en su rostro mientras yo me esforzaba por no caer a causa de la repentina debilidad de mis rodillas.
- A cualquiera le podría suceder, - aseguró - en una ocasión me puse un zapato distinto al otro y no lo noté hasta que volví a casa. - comentó, Fremont era sí, siempre queriendo hacer sentir bien a los demás, siempre haciendo lo correcto.
- No lo notaste -solté en una sonora carcajada.
- Toda la gente me miraba, pero ya sabes, siendo el vocalista de la mejor banda del mundo es normal - su voz arrogante y engreída tenía un ligero tono de diversión, por lo que supe que solo alardeaba.
- Eres un engreído - se quejó Kat detrás de mí dándome un susto horrible.
- Mierda, me diste un susto - la regañe llevándome la mano al corazón, mi corazón latía a mil por segundo.
- Y tú, el que nada debe nada teme, Greene, ¿En qué te metiste anoche? - me apuntó Kat con su delgado dedo al mismo tiempo que alzaba una ceja como diciendo: "¿Crees que él será feliz al saber que dormiste con otro cuando él te ha estado persiguiendo?" Como era de esperar, Kat me estaba amenazando con soltar la sopa y aunque Fremont quizás no lo entendió por completo sin duda no se perdió el mensaje.
- Bueno, Dara, me retiro - soltó sin emoción bajando del taburete para dirigirse a la salida pero justo antes de salir se dio la vuelta y regreso tomo mi rostro en sus manos y me beso, de forma suave y tierna asiendo que el mundo a mi alrededor se perdiera en algún lugar lejano.
- No la escuches - pidió el antes de romper el beso. Con una sonrisa triunfante y la ovación de los espectadores (clientes del café) se alejó dispuesto a retirarse mas no sin antes de salir por la puerta girarse y gritarle a Kat.
- ¡PÚDRETE! - con arrogancia y dedicándole su dos dedos medios.
- Maldito imbécil. - respondió Kat en un murmullo antes de volver a desaparecer en la cocina.

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