Capitulo 2
Al día siguiente el pueblo se reunió en la capilla.
-Mi hija ha desaparecido
–exclamo Carlisle ante la comunidad.
-Tu hija se ha escapado
porque no soportaba la vida en la comunidad –exclamo Aro furioso.
-Ella no escaparía nunca
–reparo el señor Cullen –Fue a buscar agua al pozo y jamás volvió, algo malo le
ha sucedido –susurro luego.
-Nadie va a buscarla, si
desea volver será juzgada por su huida de la comunidad –explico Aro parado
frente a un atril.
-¡Ella no ha huido!
–exclamo Carlisle furioso.
-Si vuelves a gritar en
mi templo serás expulsado –comento Aro señalándolo.
-Cálmate Carlisle, la
encontraremos –susurro Charlie, padre de Bella.
.
.
.
-Ella no habría escapado
nunca –comento Rose mientras caminaba junto a sus ahora tres amigas.
-Algo le sucedió –exclamo
Elena preocupada.
-Quizás los jóvenes de la
ciudad le hicieron daño –exclamo Caroline.
-¡No seas estúpida
Caroline! ¿Para qué o mejor dicho, porque le harían daño? –pregunto Rose
furiosa.
-Porque son unos
pecadores y quien sabe que hay en sus mentes podridas –susurro la joven
católica.
-Ya basta, no peleen
–exclamo Bella tomando a Rose del brazo.
-Ella es la que insinúa
tonterías –exclamo Rose señalando a Caroline.
-Caroline vamos a casa
–exclamo Bill, el padre de la joven.
-Si padre –respondió ella
y se fue al lado de su madre Elizabeth, una mujer algo enferma de los nervios.
-Tenemos que buscar a
Alice –susurro Bella mirando a Elena.
-Por la tarde nos
reuniremos aquí mismo y saldremos en su búsqueda ¿entendido? –pregunto Elena
mirando a sus amigas.
-Claro –respondió Rose.
-Estaré aquí –confirmo
Bella.
.
.
.
Mientras tanto Elena
estaba almorzando en su casa.
-Alice no se ha escapado
–susurro la joven mirando a su padre.
-Tú y tus amigas viven
desafiando los límites de la comunidad Elena –exclamo Isobel, su malvada
madrastra.
Elena la ignoro por
completo y luego se levanto de la mesa.
-¿A dónde vas? –pregunto
Isobel de mala gana.
-A dar una vuelta
–exclamo la joven.
-Ten cuidado con cómo me
hablas jovencita –exclamo la madrastra levantándose de la mesa.
-¡Ambas, ya basta!
–exclamo Alaric furioso –Ve a dar una vuelta –le ordenó luego a Elena.
Elena asintió y salió
furiosa golpeado la puerta de la entrada con fuerza.
-La odio, la odio con
todo mi ser –exclamo mirando al cielo –¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me dejaste?
–exclamo luego sollozando en el pasto.
-¿Elena? –pregunto Bella
acercándose a ella –¿Qué sucedió?
-Isobel, ella me odia… Y
yo a ella –explico la joven.
-Esa mujer es una tonta
–comento Bella.
-Quisiera que mi madre
estuviera aquí… No entiendo porque Dios la alejo de mi lado… No puedo
entenderlo –susurro Elena con lágrimas en sus ojos.
-Yo tampoco entiendo
amiga, es muy injusto –susurro Bella consolándola.
-¿Qué sucedió? –pregunto
Rose acercándose.
-Isobel –exclamo Bella
haciendo un gesto de desprecio.
-¡Otra vez esa bruja!
–exclamo Rose furiosa.
-Ya está, no importa…
Ahora tenemos que pensar en Alice –comento Elena levantándose.
-Tu ve al lago –dijo
Bella señalando a Rose –Yo iré a la frontera de la ciudad, y tu Elena recorre
el bosque donde se encuentra el pozo, según su padre allí fue donde se dirigía
la última vez que la vio –comento luego la joven.
-¿Caroline no vendrá?
–pregunto Rosalie.
-Obviamente no –susurro
Bella y comenzó a alejarse.
Elena tomo el camino de
tierra y luego se desvió hacia el bosque donde se encontraba el pozo principal
y más cercano a la casa de Alice.
Rose camino hasta el lago
donde vio por última vez a su amiga y se dispuso a revisaba entre las hojas
caídas para ver si había algún indicio de Alice, si había vuelto por algo, o
alguien… Pocos minutos más tarde,
escucho unos pasos…
-¿Quién está ahí?! –grito
Rose asestada.
-Soy yo, Emmett –exclamo
el joven castaño y musculoso.
-Hola –susurro ella
pícaramente.
Obviamente Rose no tenía
intenciones de llegar virgen al matrimonio y tampoco de seguir en la comunidad
donde había nacido. Sus aspiraciones iban mas allá, sexo, alcohol, diversión,
muchachos y descontrol, algo que en Hobart Bay no iba a encontrar jamás.
-¿Qué haces por aquí?
–pregunto el joven de unos veintitantos.
-Busco a una amiga,
Alice, se ha perdido –contesto Rose.
-¿Quieres darte un
chapuzón? –pregunto Emmett quitándose la camisa.
-Mmmm… Claro –exclamo
Rose quitándose el vestido.
.
.
.
Bella había tomado el
camino hacia la salida de Hobart Bay. Estaba a pocos metros de la ciudad
principal llena de personas “pecadoras” tal como las llamaban en su comunidad.
No debía acercarse demasiado, no estaba permitido, pero… ¿Y si Alice estaba
allí? ¿Y si había escapado por algún muchacho?
La joven Swan tomo valor
y se adentro en la “ciudad del pecado”. Camino un par de calles observando a
las personas que vestían algo extravagantes, mientras ella utilizaba una
especie de sotana blanca sin estilo y se sintió algo apartada y fuera de
lugar.
Llego hasta una comisaria
y le pareció una buena idea hablar con
el oficial a cargo de la zona para ver si alguien había visto a Alice.
Entro en la comisaria, y
todas las miradas se posaron en ella.
-¿Qué necesita señorita?
–pregunto un oficial.
-¿Podría hablar con el
oficial a cargo? –pregunto ella incomoda.
-Señor Masen –exclamo el
hombre tocando la puerta de una oficina.
-¿Qué sucede? –comento
una voz masculina.
-Una joven de la
comunidad de Hobart Bay esta aquí –susurro el hombre.
Todos sabían que ella no
era de allí y que era de la comunidad religiosa de Hobart Bay.
-Dile que pase a mi
oficina –susurro el oficial a cargo.
-El jefe la espera dentro
–susurro el hombre mirando a Bella.
Bella asintió y luego
avanzo hasta la puerta.
-Permiso –susurro ella al
entrar.
-Pase –exclamo el hombre.
Al ingresar, Bella tenía
la cabeza gacha, signo de sumisión y respeto hacia el oficial, cuando levanto
su mirada noto que era aquel muchacho del lago, el que la había salvado,
Edward…
-¡Edward! –exclamo ella
atónita.
-Bella –respondió el
sonriendo.
-Lamento interrumpirlo
señor ¿Masen verdad?
-Edward para ti
–respondio èl.
-Una amiga mía ha
desaparecido y quería hacer una especie de denuncia, pero sin que se enteren
los de mi comunidad, porque si saben que estuve aquí me expulsaran de la
comunidad –explico la joven.
-Entiendo, ¿Quién
desapareció? –pregunto Edward señalándole a Bella la silla delante de su
escritorio.
Ella asintió y se sentó
lista para contarle a Edward como había desaparecido Alice.
-¿Ella no escaparía de la
comunidad? –pregunto Edward.
-No, nunca lo haría
–explico Bella.
-Entonces algo pudo
haberle pasado –comento el joven policía de veintisiete años, ojos grisáceos y
cabello castaño claro.
-Si averigua algo me
gustaría que me lo informara, yo debería volver a mi casa, se preocuparan por
mi y tendré problemas –respondió Bella.
-Este es mi teléfono,
puedes llamarme cuando necesites, si sabes algo de ella avísame y seguiré la
pista con gusto, es mi trabajo –susurro Edward dándole una tarjeta con su
número privado.
-Gracias señor Masen
–comento ella tomando la tarjeta algo avergonzada.
-Dime Edward, por favor
–suplico él y ella sonrió.
-Edward –comento Bella y
se dirigió de vuelta a Hobart Bay, antes de que su padre la regañara por estar
fuera de casa mucho tiempo.

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