DARA
Kat quedo hecha una furia después de que Nate salió tras la
chica, era lógico que ella se preocupara por el hecho de que Nate ni
siquiera mirara atrás mientras la seguía, la chica era perfecta alta, delgada
pero con curvas, piel bronceada, un cabello negro azabache y labios
carnosos, era la fantasía de todo chico. Aunque a mi parecer Nate estaba más
intrigado que interesado con la chica y podría asegurar a ver mirado un toque
oscuro en su mirada que no tenía nada que ver con el deseo o lujuria, pero
claro, hacer que Kat entienda eso sería como hacer que el cielo fuera morado,
es decir, imposible. Decidí, en lugar de gastar mi
saliva negando lo que ella creía que sucedía, ponerle enfrente la mayor
cantidad de tragos posibles, ya después Nate tendría que lidiar con ella.
Mire a mi amiga desde la barra, bailaba con tres
chicos que a diferencia de su novio le dedicaban toda su atención, ella reía y
movía sus caderas como loca mientras la música sonaba tan fuerte que mis
tímpanos podrían explotar. Deslice mi mirada por todo el lugar dejando de
acosar a mi amiga con la mirada, a primera vista todos parecían disfrutar pero
yo lo sabía mejor, podía notar a chicas bailando en los regazos de los chicos a
cambio de recibir la atención que tanto anhelan mientras otras salían de los
baño pareciendo desorientadas y con los ojos rojos con un chico tras ellas,
cerrando su cierre mientras las arrastraban fuera, chicos tomando un trago tras
otro con brusquedad intentando o enredado con más de una chica para sentirse
hombre y olvidar, para ignorar que en la mañana la soledad volvería a
atacar.
Una presión en mi pecho me obligo a dejar de mirar al
rededor, me gire para darle la cara a la barra para pedir otro trago cuando
unos brazos fuertes me rodearon por atrás, mi corazón latió fuerte contra mi
pecho una vez antes de conocer el aroma de quien me abrazaba, su aroma era una
mezcla de brisa mañanera, menta y loción para chico.
- te asuste - grito sobre el ruido de la música para que
fuera capaz de oírlo. Llevaba una camisa lisa color azul Oxford combinado con
unas botas de motociclista, jeans negros y chaqueta de cuero, su cabello tenía
su típico estilo desarreglado sexy que tanto me gustaba y si sonrisa arrogante
que provocaba comérselo.
- solo un poco - admití con una sonrisa en el rostro, verlo
había quitado la presión que se había acumulado en mi pecho para ser
sustituida por un suave aleteo en la boca del estómago.
- no sé si sea algo bueno o malo tener ese efecto en ti -
comento el como si se refiriera a algo más que al susto que le había causado.
Lo observe con cuidad, note que aún seguía entre sus brazos
y al parecer el pretendía mantenerlo así que no me aleje sino que tome el
trago de la barra y lo bebí inclinando la cabeza hacia tras para dejar pasar el
líquido por la garganta dejando el baso en la barra en con un golpe para luego
limpiar una gota que callo por una comisura de la boca con el dorso de la mano
pero Fremont lo impidió limpiándola con sus labios para después besarme, el
sabor del whisky y el de Fremont era exquisito, como el cielo y el infierno
unidos en una rítmica danza donde la oscuridad hace armonía con la luz sin
perder su identidad y fuerza, sin dejar de ser suave y apasionado. Cuando
Fremont termino el beso para tomar aire Kat estaba tras el sonriendo con el
mismo demonio, llena de orgullo y malicia.
- si quieren les consigo una habitación - sugirió con
diversión, Fremont como era de espera ignoro el comentario descaradamente.
- no empieces Kat - le advertí con los ojos fijos en ella.
Intente zafarme de los brazos de Fremont pero no me fue imposible, sus
brazos se cerraron con firmase a mi alrededor de mi cintura
impidiéndomelo.
- no sucederá - susurro en mi oído, su aliento rosando mi
piel con suavidad causo que un escalofrió recorriera mi cuerpo. Era obvio que
le gustaba controlar la situación y sabía que aunque quisiera (que no lo hago) él
no me dejaría ir sin dar lucha.
- pero si se ven súper tiernos - chillo emocionada Kat y, a
pesar de lo increíble que sea, Fremont le sonrió a Kat quien encantada le
respondió con una sonrisa guineo, rodé los ojos a ambos.
- te conozco como la palma de la mano y para ti, lo TIERNO
da ASCO - le recordé, a Kat no le pega la ternura y que usara esa
descripción me resultaba tonto, KAT NO ASI que le
sucede a mi amiga.
- pues te equivocas perra, lo que tú
defines como tierno no me gusta - aseguro. - por dios un cerdo no es tierno y un bebe
llorón tampoco lo es - dijo como si fuera la cosa más absurda.
- mira quien habla - se burló Fremont, asentí de acuerdo con el.
- como sea - solté antes de girarme hacia la barra para
pedir otro trago - un fat frog y dos cervezas - pedí, como todo un caballero
Fremont pago los tragos le entregue el fat frog a Kat y una de las cervezas a
Fremont.
Fremont
nos arrastró al centro de la pista, lo que Kat agradeció, no había aparecido
Nate y ocupaba distraerse, no habían pasado ni dos minutos cuando ella estaba
rodeada por distracción, tres lindos rusos, al parecer Kat era un imán de
chicos. Fremont me mantuvo junto a él aferrándose a mis caderas o cintura
mientras nos movíamos al ritmo de la música, sus manos vagaban por mi cuerpo,
estar con él era el cielo. Mi cuerpo se moldeaba al suya como dos piezas de un
rompecabezas, diferentes en forma pero que embonan a la perfección,
ellas para estar juntas. Me di la vuelta para quedar de espaldas a él
manteniendo mis brazos alrededor de su cuerpo, mis caderas marcaban el ritmo
contra su cuerpo moviéndome lo más cerca
posible. Estábamos haciendo una escena, eso era seguro, nuestros
cuerpos estaban unidos de una manera sumamente íntima y
las caricias de Fremont no eran nada discretas pero no me
importaba, lo quería más cerca. Fremont acaricio con si nariz desde
mi mandíbula hasta mi hombro dejando en su camino un cosquilleo,
estire mi cuello para que tuviera mejor acceso lo que
el aprovecho para besar mi cuello no sin antes
mordisquear ligeramente la piel expuesta.
- sabes estupendo - aseguro con voz áspera al mismo tiempo que me presionaba contra el, le hice frente y me encontré con sus ojos, los cuales brillaban con lujuria y por primera vez en anos no me sentí sucia por ser deseada. Al contrario me sentía hermosa, llena y segura no sentía ganas de huir o alejarme corriendo, no pensaba en los errores del pasado que me perseguían.
No pensé en nada mas hasta que lo vi, sus ojos celestes me hundieron en el dolor del pasado y la felicidad se apago.